Archive for 30 noviembre 2009

Juan Canalejo, por la mañana

30 noviembre 2009

El cazador de ciervos

29 noviembre 2009

Después de la tormenta siempre vuelve la calma, y después, otra vez, la tormenta.

Camisetas con mensaje. O la solución a un problema (porque esto es un blog sobre diseño)

28 noviembre 2009

Durante una época de mi vida (digamos, los últimos 10 años) mi familia más cercana (mis hermanos sobre todo) se empeñó en regalarme camisetas con mensaje.

En este momento, sin pensar mucho, recuerdo los siguientes estampados: monkey business, your mother loves you!! (but everyone think that you are a tw**t), extravagancia, la vida dura de la gallina, pause, web under construction, al porquiño polo que vale.

Y ahora me pregunto ¿la imagen que mis hermanos (basada en su opinión si aceptamos que ésta corresponde con el mensaje de sus regalos) han proyectado sobre mí, ha sido la imagen que, vistiendo esas camisetas regaladas, yo he proyectado sobre los demás (sobre aquellos que he conocido más superficialmente, que es la gran mayoría, en casi todos los casos) para que éstos generaran, a su vez, su opinión sobre mí? ¿podría haber hecho algo al respecto? ¿podría haber transformado la literalidad en ironía? o ¿el mensaje escrito (aunque lo esté sobre una camiseta festiva con vivos colores acompañado de simpáticos dibujos) es tan poderoso que, inconscientemente, yo nunca podría (ni sabría) contradecirlo? ¿Es por esto por lo que nunca he hecho (nunca hago) nada?

¿La solución radicará en comprarse camisetas lisas?

(more…)

Mujeres, pistolas y viceversa

27 noviembre 2009

… o como incluir a Emma García y Jean-Luc Godard en un mismo post.

TV

26 noviembre 2009

Un sueño

22 noviembre 2009

Esta mañana, al despertar, recordé el sueño que estaba teniendo un momento antes, cuando aún no estaba despierto, cuando estaba dormido, soñando el sueño que recordaría sólo un momento después, cuando despertara. Esta mañana, al despertar, el sueño, por así decirlo, había acabado, acabado de un modo clásico o, si no clásico, de un modo convencional, es decir, el desenlace prometido o, si no prometido, el desenlace “anunciado”, no anunciado como previsible, anunciado simplemente como “algo que debía suceder”, no un “algo” concreto, de hecho, el “algo” más inconcreto posible es lo que se anunciaba que iba a suceder, y eso que iba a suceder tan anunciado durante el sueño, ese desenlace del sueño, que realmente no fue el desenlace sino, más bien, el final del sueño o, mejor, si no fue el final, sí fue “un final”, aunque no puede decirse que pudiera ser otro el final, es decir, otro que no fuera ese, pero tampoco creo que pueda decirse “el final del sueño”, aunque realmente fue el final del sueño, entre otras cosas, porque me desperté, pero no, no quiero crear confusión, no fue el final del sueño, no fue un final porque me despertara, realmente fue un final porque el sueño anunciaba que debia haber un final, un final hacia el que el sueño se dirigía inevitablemente sobre su transcurso, no un final previsible, como decía, no un final anunciado, como decía, en cuando a desenlace “esperable”, previsible, sino como algo que “debía” suceder, un algo, repito, inconcreto, el algo más inconcreto posible, repito, hacia ahí se dirigía el sueño, no un ahí como lugar, aun siendo un lugar concreto, una cocina o, si no una cocina, sí una especie de cocina, un lugar con los utensilios de una cocina, con las herramientas propias de una cocina, aunque la morfología del lugar no fuera una cocina, el espacio, un espacio inconcreto, no fuera el espacio “propio” de una cocina, pero cualquiera que entrara en ese espacio tan inconcreto ante la pregunta ¿dónde te encuentras? respondería en una cocina, no puede decirse que fuera una respuesta inmediata, más bien sería una respuesta meditada, una respuesta que comenzaría en el 100% de los casos con un silencio estimable, un silencio de varios segundos, incluso, en algunos casos, un silencio de varios minutos, pero después de la reflexión cualquiera que entrara en ese espacio inconcreto respondería, ante la pregunta ¿donde te encuentras?, respondería, digo, en una cocina, en una cocina, respondería en el 100% de los casos, y si le preguntaras luego a esa persona ¿por qué “sabes” que estás en una cocina?, respondería, esta vez sin dudar, por los utensilios, aunque realmente no había utensilios, no había utensilios a la vista, había muebles, armarios con puertas ciegas y puertas transparentes, había cajones y había cajas y en cada uno de esos compartimentos era “previsible” que se guardaran los utensilios propios de una cocina, porque la disposición de todos esos muebles no podía permitir más que guardar utensilios de cocina, y era por esto la seguridad de la gente que respondía, tras mucho pensar ante la pregunta ¿dónde te encuentras?, en una cocina.