Los Héroes del Silencio


Como quería grabar imágenes, con una videocámara directamente de la pantalla de la televisión, sacadas de cintas de VHS viejas (ya lo deben ser todas) mientras hacía tracking e intentando exprimir el jugo a los defectos propios del formato sumados al, previsible, mal funcionamiento, por su falta de uso, que el reproductor de vídeo me pudiera aportar (uno no muy viejo, un modelo Samsung de transición con lector de VHS y DVD en el mismo aparato, no se debieron fabricar mucho, no sé cual sería su utilidad ¿ganar espacio?, ¿ahorrarnos un cable?, ¿copiar los DVD en cintas VHS?), decía al principio de esta frase, ya un poco larga, que como quería grabar estas imágenes busque en casa de mis padres algunas cintas de las que allí se almacenan y me las llevé junto con el reproductor Samsung de doble formato.

El previsible mal funcionamiento del reproductor del que hablaba se confirmó cuando llegue a mi casa, en realidad fue un no funcionamiento. Y me puse muy triste por no poder disfrutar del contenido de las cintas, en concreto de unas grabaciones de programas de la tele que hacía mi hermana en su periodo fan, con las actuaciones de los Héroes del Silencio en su primera época, a finales de los ’80. Creo recordar programas como Si lo sé no vengo con Jordi Hurtado, Por la mañana de María Teresa Campos, Un, dos, tres… en resumen: 240 minutos de intervenciones televisivas de HDS antes de convertirse en un grupo de masas. Qué duro y pedregoso puede llegar a ser el camino por donde transita el Rock&Roll antes de llegar a la cima que significa vender todos tus discos en formato coleccionista conjuntamente con El Pais de los domingos.

Pero aunque me puse muy triste por no poder ver esta cinta, me queda el consuelo de mirar la cinta misma, el objeto cinta que os reproduzco aquí arriba en cuatro de sus seis vistas diédricas. Debe ser obra de mi padre que era el encargado de acumular recortes de revistas con fotos de actores y músicos y sinopsis de películas para ilustrar, a modo de collage, los estuches donde se guardaban los programas grabados. La verdad es que son fantásticos estos diseños caseros e improvisados. (A veces dan ganas de cambiar el nombre a este blog por si crea confusión y se toma como opinión de lo en él expuesto, nada más lejos de mi intención, bah, para qué explicarse).

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