Peces Muertos (2)

Hace un tiempo, cuando éramos estudiantes, alguien nos regaló una pecera con un pez dentro. Era, creo recordar, el mes de marzo. Nos hizo mucha ilusión el regalo, le hicimos fotos, le llamamos Álvaro. Llegó la Semana Santa y nos fuimos cada uno a nuestras ciudades de origen. Al regresar, el salón olía mal y Álvaro flotaba en el agua de la pecera. Tiramos su cuerpo en el retrete, limpiamos la pecera y metimos en ella, como mal sustituto, la foto de aquí arriba. Abrimos las ventanas para airear la habitación.

La vida (la nuestra) siguió su curso.

Meses después alguien (el mismo alguien que nos había regalado el pez y que no había dejado de visitarnos asiduamente durante esos meses) descubrió la foto de Álvaro.

Y yo me pregunto: ¿qué pasaría si los cadáveres no olieran mal?

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6 comentarios to “Peces Muertos (2)”

  1. Carlos Says:

    Quizá nuestra vida no tendría que haber seguido su curso. Como sabes esta fue la primera de una serie de mascotas que murieron a mi alrededor, y cada vez que me ocurre, Alvaro vuelve a mis pensamientos…

  2. elena Says:

    Pues yo (“ese alguien”) sigo sin ver tan clara la diferencia entre el álvaro original (el pescao, digo) y la foto.

  3. gabriel Says:

    cómo pudimos irnos todos de semana santa tan tranquilamente y no caer en la cuenta de que el pobre pez podría tener problemas para apañárselas por sí mismo?

  4. francesco Says:

    bueno, pues ya habéis aprendido que los animales no son vuestro rollo y que con las plantas os va mucho mejor. Mirad a Gabi como cuida las plantas del salón: todavía siguen vivas y en plena forma.

  5. skotperez Says:

    Lo de las mascotas vivas de la infancia debería estar prohibido, sí; y con infancia quiero decir infancia, que en muchos casos estás en la universidad y sigues aferrado a una de la esquinas de la infancia

    Os contaré lo que nos pasó a mi hermana y a mí hace unos añitos: mis padres nos compraron dos tortugas con su terrario (ese de formas redondeadas con palmera de plástico en medio); lo llenamos de agua y metimos a los animalitos.

    Nos fuimos a comer y cuando volvimos estaban flotando, felizmente cocidas en un agua que había estado al veraniego sol manchego entre la una y las cuatro de la tarde.

    Mucho mejor en foto, estoy contigo, aunque no huelan, como las tortugas cocidas.

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